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In Loving Memory of Maria J. Faña
Maria J. Faña, lovingly known as Fefa, Mommy, Buela, and La Reina de la Pike, passed peacefully surrounded by the love she spent a lifetime giving to others.
Born on August 8, 1951, in Las Charcas, Santiago de los Caballeros, Dominican Republic, Maria was the daughter of Maria Dionisia Faña and José Manuel Hernández. At an early age, she relocated to Barahona, Dominican Republic, where she was raised alongside her beloved sister Ana Faña. Seeking greater opportunities and a brighter future, Maria later immigrated to New York City with her sisters Ana and Maria Manuela. In the late 1990s, she continued pursuing the American dream when she moved to Pennsylvania, where she proudly purchased her first home, a milestone that reflected her determination, courage, and commitment to her family.
Above all else, Maria’s greatest accomplishment and deepest joy was her family. Her greatest pride was her five children: Ana Victoria Pham, Elvis Faña, Raymond Pure Disla Jr, Joshaira Altagracia Disla, and Denise Mercedes Disla. She loved each of them fiercely and dedicated her life to ensuring they knew the value of love, family, loyalty, and togetherness.
Her family continued to grow with the arrival of her grandchildren, who became the light of her life: Paola, Emily, Aniah, Alex, Ariana, Myalexa, Myles, and Amelia. Nothing made Maria happier than having her children and grandchildren gathered under one roof. She never needed a special occasion, she simply loved seeing her family together.
Maria found joy in life’s simple pleasures. She loved playing in the snow, shopping for hours, splashing in the ocean waves, and laughing while playing Dominican BINGO. She was known for her warm heart, generous spirit, and open door. No one ever left her home hungry. Whether family, friend, or neighbor, everyone was welcomed with a smile and a plate of food.
Her neighbors were much more than neighbors; they were “her people.” She loved them deeply and cherished the community she built around her. Even during her most difficult days, her loving caregiver and dear friend, Juana, helped Maria continue one of her greatest acts of love, feeding and caring for others.
If there were three things Maria disliked, they were bugs, lizards, and being alone. Fortunately, being alone was something she rarely experienced. She had spent her life planting seeds of love, and those seeds grew into a family that surrounded her with the same devotion she had always shown them.
Maria will be remembered for her strength, generosity, humor, resilience, and unconditional love. She taught us that family is not just something you have; it is something you nurture, protect, and celebrate every day. Her home was a place of comfort, her kitchen was always full, and her heart had room for everyone.
Though our hearts are broken by her absence, we find comfort in knowing that her love remains woven into our lives, our traditions, and our memories. Every family gathering, every shared meal, every laugh around the table will carry a piece of her spirit.
She leaves behind a family who adored her, a community that cherished her, and a legacy of love that will endure for generations.
The greatest gift our mother gave us was not what she provided, but the way she taught us to love one another.
Forever loved. Forever missed. Forever with us.
SPANISH
En Amorosa Memoria de María J. Faña
María J. Faña, cariñosamente conocida como Fefa, Mami, Buela y La Reina de la Pike, partió en paz rodeada del mismo amor que dedicó toda una vida a brindar a los demás.
Nació el 8 de Agosto de 1951 en Las Charcas, Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Fue hija de María Dionisia Faña y José Manuel Hernández. A temprana edad se trasladó a Barahona, donde creció junto a su querida hermana Ana Faña. En busca de mejores oportunidades y de un futuro más prometedor, María emigró posteriormente a la ciudad de Nueva York junto a sus hermanas Ana y María Manuela. A finales de la década de los noventa continuó persiguiendo el sueño americano cuando se mudó a Pensilvania, donde con orgullo compró su primera casa, un logro que reflejaba su determinación, valentía y compromiso con su familia.
Por encima de todo, el mayor logro y la alegría más profunda de María fue su familia. Su mayor orgullo fueron sus cinco hijos: Ana Victoria Pham, Elvis Faña, Raymond Pure Disla Jr., Joshaira Altagracia Disla y Denise Mercedes Disla. Los amó con todo su corazón y dedicó su vida a enseñarles el valor del amor, la unión familiar, la lealtad y el estar siempre presentes los unos para los otros.
Su familia siguió creciendo con la llegada de sus nietos, quienes se convirtieron en la luz de su vida: Paola, Emily, Aniah, Alex, Ariana, Myalexa, Myles y Amelia. Nada hacía más feliz a María que tener a sus hijos y nietos reunidos bajo un mismo techo. Nunca necesitaba una ocasión especial; simplemente disfrutaba ver a su familia junta.
María encontraba felicidad en los placeres sencillos de la vida. Le encantaba jugar en la nieve, pasar horas de compras, disfrutar de las olas del mar y reírse mientras jugaba al BINGO Dominicano. Era conocida por su corazón noble, su espíritu generoso y las puertas siempre abiertas de su hogar. Nadie salía de su casa con hambre. Familiares, amigos o vecinos, todos eran recibidos con una sonrisa y un plato de comida.
Sus vecinos eran mucho más que vecinos; eran “su gente”. Los quería profundamente y valoraba la comunidad que construyó a su alrededor. Incluso durante los momentos más difíciles de su vida, su querida cuidadora y gran amiga, Juana, la ayudó a continuar una de las mayores expresiones de amor de María: alimentar y cuidar de los demás.
Si había tres cosas que María no soportaba, eran los insectos, las lagartijas y estar sola. Por suerte, la soledad fue algo que rara vez conoció. Había pasado su vida sembrando semillas de amor, y esas semillas florecieron en una familia que la rodeó con la misma entrega y devoción que ella siempre les brindó.
María será recordada por su fortaleza, generosidad, sentido del humor, resiliencia y amor incondicional. Nos enseñó que la familia no es simplemente algo que se tiene, sino algo que se cultiva, se protege y se celebra cada día. Su hogar era un refugio de amor, su cocina siempre estaba llena y en su corazón siempre había espacio para todos.
Aunque nuestros corazones están destrozados por su ausencia, encontramos consuelo al saber que su amor permanece entrelazado en nuestras vidas, nuestras tradiciones y nuestros recuerdos. Cada reunión familiar, cada comida compartida y cada risa alrededor de la mesa llevará consigo una parte de su espíritu.
Deja atrás una familia que la adoró, una comunidad que la quiso profundamente y un legado de amor que perdurará por generaciones.
El regalo más grande que nuestra madre nos dejó no fue lo que nos dio materialmente, sino la manera en que nos enseñó a amarnos los unos a los otros.
Siempre amada. Siempre extrañada. Siempre con nosotros.
Whelan Schwartz in charge of arrangemets online condolances may be made at: www.whelanschwartz.con
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